Cartas

del  Rector

Bogotá D.C., 1 de abril de 2020

Estimada comunidad educativa,

La Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la Comunión del Espíritu Santo este con todos ustedes. Espero que cada uno de ustedes se encuentre bien, aún, en medio de las circunstancias que nos aquejan en esta Cuaresma 2020.

 

La situación actual ha puesto en jaque a la humanidad entera, y a nivel planetario se han tomado medidas extremas para poder contrarrestar la propagación del virus mortal, que al momento ha cobrado miles de víctimas. Colombia no se ha hecho esperar y se vinculó a la cuarentena hace algunas semanas, sin embargo, las consecuencias de este repliegue social son muchas y principalmente las que tienen que ver con el libre desarrollo de la economía son las más desalentadoras, pues, no solo se ve afectado el sector de oferta y demanda, sino también el mercado laboral.

 

La emergencia sanitaria que se está viviendo conlleva una problemática económica gravísima, de la cual no se podrá salir fácilmente. Ahora bien, el panorama apocalíptico es innegable desde la perspectiva financiera, aunque tampoco puede determinarse como el principio del “fin del mundo”, como algunas personas lo están leyendo. Por lo tanto, habrá que leerlo desde el sentido verdadero que tiene el término apocalipsis que no es otro que el de la Esperanza y que se refiere a la tierra nueva y el cielo nuevo que vendrán cuando termine el drama que ahora estamos viviendo.

Entonces, mi invitación, a toda la Comunidad Educativa del Liceo Matovelle, es a vivir actitudes concretas de su experiencia cristiana que necesariamente remiten al mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Sobre todo, si nos decimos creyentes, ya que como dice la primera carta del Apóstol San Juan: Quién dice que ama a Dios a quién no ve y no ama al prójimo a quien ve es un mentiroso. En este sentido es importante que todos vivan la caridad desde la empatía, la solidaridad desde el esfuerzo continuo por cumplir con sus obligaciones y el sacrificio desde las limitaciones que cada uno tiene que vivir en sus casas.

 

1. La caridad desde la empatía. Estudiantes, padres de familia, docentes, administrativos y proveedores conforman la Familia Matovellana. Todos hacen parte de la Institución y sus vidas están implicadas unas a otras, por razón de la misión de educar que cumple el Liceo y por el ejercicio económico necesario para desarrollar el proceso de enseñanza – aprendizaje. En las actuales circunstancias, cada uno tiene que responsabilizarse de sus obligaciones, entendiendo que unos podrán ejercerlas sin ningún obstáculo y otras tendrán que rendir de acuerdo a las disposiciones establecidas por las autoridades competentes. De acuerdo a esta realidad es que se dispuso la circular 006, para afectar lo menos posible el proceso educativo y a la vez los padres de familia no se sientan perjudicados por los pagos que realizan mensualmente.

 

Digo esto porque algunos padres de familia han decido no hacer los pagos correspondientes, aludiendo a los comunicados de la Secretaria de Educación. Les pido que lean nuevamente dichos documentos, con atención, y no se queden únicamente con los apartados que suponen les conviene a los papás/mamás/acudientes, sino que lean también aquellos que instan a continuar manteniendo la nómina sin perjuicio alguno. A la vez, por favor, hagan la diferenciación entre los que es un colegio público y lo que es uno privado.

 

Una cosa es decir “no pago” y otra muy distinta es proponer acuerdos de pago, porque al momento la solvencia no es la esperada. Una cosa es sugerir soluciones para continuar funcionando y otra muy distinta es poner “peros”, como si la situación solo estuviera perjudicando a unos y a otros no. Los que proponen, sugieren y establecen soluciones para lo que está experimentando el mundo y el Liceo viven de forma concreta la empatía y se puede decir que manifiestan sus valores cristianos. Los otros no han desarrollado su Dimensión Espiritual y quizá piensan que la empatía es algo coloquial que pertenece a alguna conversación de viernes por la tarde.

 

La empatía será la que nos permita continuar trabajando juntos y existiendo en el tiempo para ser artífices de una sociedad mejor. Como también nos hará fuertes para resistir la tempestad que nos ha tocado, ya que la “unión hace la fuerza”.

 

2. La solidaridad desde el esfuerzo continuo por cumplir sus obligaciones. Algunos miran por la televisión la ayuda solidaria para con las personas de bajos recursos, los habitantes de calle y demás personas que viven en suma vulnerabilidad. Miran como reparten mercados, medicinas y demás productos de primera necesidad, también, algunas empresas han dispuesto recursos para fabricar tapabocas, gel antibacterial y zapatos para al personal de la salud. Y usted, miembro activo de la Comunidad Educativa del Liceo Matovelle ¿cómo vive la solidaridad?

 

Los funcionarios viven la solidaridad dando la ayuda necesaria a los estudiantes y padres de familia, aún, desde la escasez de tiempo, de recursos, y demás limitaciones provocadas por la cuarentena. Se solidarizan cuando entienden que hay varios temas o indicadores que será muy difícil cumplir sin la presencia física de los estudiantes. Se solidarizan cuando ayudan a los padres de familia a desarrollar la habilidad de estar con sus hijos todo el tiempo todos los días.

 

Los padres de familia viven la solidaridad cuándo se involucran en el proceso enseñanza – aprendizaje de forma activa en la casa, aún, desde la falta de experiencia en pedagogía, didáctica y manejo de las asignaturas que reciben sus hijos. Se solidarizan cuando pagan sus obligaciones y comprenden que el pago oportuno hace que los profesores y demás servidores indirectos obtengan su sueldo.

 

Todos somos solidarios cuando asimilamos las necesidades de los otros y desde ahí nos disponemos a ayudar desde lo que nos toca y desde lo que tenemos, sin dejar “morir” a nadie en el camino, para que al final de la cuarentena nos volvamos a abrazar para agradecernos mutuamente y mirar como solventamos los desgastes generados por la introspección social en la que estamos.

 

3. El sacrificio desde las limitaciones que cada uno tiene que vivir en sus casas. Las personas nos hemos acostumbrado a unas rutinas laborales, educativas, recreativas y demás, que al momento no podemos realizar al cien por ciento. El teletrabajo, el uso de las plataformas educativas, el manejo de ciertas aplicaciones para recibir clase o hacer reuniones y conferencias no son suficientes para vivir lo que vivimos cotidianamente, cuando no nos vemos amenazados por un virus mortal. Por lo tanto, el estar en casa es un sacrificio que debemos aprender a sublimar, para convertirlo en fuente de aprovechamiento del tiempo, cuando todo haya vuelto a la normalidad.

 

El sacrificio visto desde la victimización nos convierte en criaturas refugiadas en una cueva por miedo a ser depredados. Mientras que el sacrificio visto como un acto racional consciente, que me permite obtener un bien mejor, nos convierte en protagonistas del cambio y de la reestructuración de nuestra propia vida y la vida de los demás. Este es el sacrificio que nos enseña Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz. Un sacrificio vivido tal como lo vivió Él, realmente nos lleva a una auténtica resurrección; nos lleva a HACER historia, y sin lugar a dudas tendremos que comentar en el futuro lo que fue antes de la cuarentena y lo que vino después de ella.

 

Los animo a vivir este presente con la mirada fija en el futuro. Vivamos con la certeza que esto va acabar y que ahí tendremos que retomar lo que se dejó de hacer y desarrollar al cien por ciento lo que hoy hacemos al porcentaje que nos permite la cuarentena. Agradezco con el alma a los funcionarios, padres de familia y estudiantes que se sienten identificados con el Liceo Matovelle y que desde el cumplimiento de su deber han hecho, hacen y continuarán haciendo todo los posible por seguir edificando nuestro Proyecto de Vida. ¡Dios les pague! Y nos volveremos a mirar para suspirar por lo perdido, aunque con las energías suficientes para sacudirnos y levantarnos nuevamente.

 

Sin más, me despido en los Corazones Santísimos de Jesús y de María.

Padre

Leonel Porfirio Recalde Arteaga, o.cc.ss.

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